No es tristeza. No es depresión. No es falta de fe.
Es distancia contigo misma — y la mayoría de mamás vive con eso sin nombrarlo.
Hacer todo bien y sentirte vacía igual.
No reconocerte cuando te miras al espejo.
La alegría no es la misma — y no sabes cuándo cambió.
Querer parar 10 minutos y no encontrar dónde.
Tu diagnóstico va a estar hecho para ti, no para una mamá genérica.